De 0 a 18 meses
Emmi Pikler, pediatra húngara, dejó una regla que cabe en una línea: no coloques al bebé en una postura a la que no haya llegado por sí mismo. Si no se sienta solo, no se le sienta. Si no se pone de pie, no se le pone.
Parece severo y es justo lo contrario: es confiar en que su cuerpo sabe el orden. Cada postura llega cuando la anterior está firme, y ese orden no se salta sin coste.
Colocado
Sentado entre cojines antes de tiempo. No puede salir ni cambiar de postura; si se cae, se cae de golpe.
Libre
Boca arriba en el suelo. Gira, se estira, alcanza un juguete y vuelve. Entra y sale de lo que domina.
Un bebé colocado está atrapado en esa posición. Uno libre se mueve por todas las que ha conquistado, y así conquista la siguiente.
Lo mismo con ponerle de pie sujeto de las manos «para que practique»: no fortalece nada que no venga solo, y le da una vista y una expectativa de una postura que aún no controla. Cuando le sueltas, se cae, porque las piernas no llegaban todavía.
Qué cambia cuando dejas de colocar
Un ejemplo: sientas a un bebé de cinco meses entre cojines y parece contento. Pero no llegó ahí solo, así que no sabe deshacerlo: cuando se cansa, no puede tumbarse, se vence de lado y aprende que sentarse es incómodo. El que llega a sentarse por su cuenta, meses después, ya sabe salir, porque el camino de ida le enseñó el de vuelta.
Esto no es dejarle tirado: es estar cerca, hablarle y ponerle cosas al alcance, sin colocarle el cuerpo. Y si a su edad no aparece ningún avance de movimiento, o notas que un lado se mueve distinto del otro, no lo dejes pasar: consúltalo con el pediatra.
Hoy: quita los cojines de apuntalar y déjale un rato boca arriba en una manta firme, con espacio. Observa cuánto se mueve cuando nadie le sostiene. Verás que no se está quieto ni un minuto: girar de un lado a otro, empujar con los pies y estirarse para alcanzar ya es todo el gimnasio que necesita a esta edad.